El lado oscuro del turismo animal

¡Lo conseguiste! Descubriste la manera de hacer realidad aquel sueño que creíste en su día efervescente ¡El / la procrastinador/a por excelencia lo ha conseguido! Y aquí estás, cual sonámbulo, sin tener idea de como lo lograste, ante tu anhelo cuadrúpedo. El elefante: el gentil gigante.

A pasos tímidos, irrumpes en su hogar; unas tierras que, acostumbrado/a al bullicio de la ciudad, te transmiten una serenidad que creíste perdida. Decenas fueron las historias y leyendas que escuchaste sobre su grandeza: un superviviente, un sabio, el rey sin corona de la selva,… y, por un instante, deseas establecer una conexión más allá de lo convencional. Acariciar su tez desgastada por el paso de los años y fundirte en sus profundos ojos, donde esperabas hallar el reflejo de tu bonhomía.

Pero, algo va mal… ¿Dónde quedó ese tan esperado namaste mutuo? ¿A dónde fue ese vínculo que cambiaría tu manera de ver el mundo?  Tus expectativas se desvanecen al ver en su rostro dos noches oscuras que no son más que una muda llamada de auxilio.

En algún momento de nuestras vidas, tras haber viajado un par de veces, o tal vez sin llegar a haber cruzado la frontera de lo que consideramos nuestro hogar, comenzamos a unir fuentes de emociones, en busca de sobrepeso de recuerdos en nuestra maleta particular. Sumamos pasiones como la moda, gastronomía, arte, idiomas,… con lo que se considera “la puerta a lo desconocido, el verdadero aprendizaje y la felicidad”. Y, tras ver las típicas fotos inspiracionales de instagram en algún lugar remoto rodeado de animales, es fácil caer en la tentación de unir conceptos como África, elefantes, “no quiero ser el típico turista”, “quiero vivir el destino y no simplemente transitar por él”,… hasta llegar a los voluntariados. Sin embargo, cuando hablamos de animales, no es oro todo lo que reluce.

-Café de buhos: Desde el momento en el que mantienes a un animal en cautividad, más allá de razones relativas a su estado de salud, recuperación o reinserción, con un motivo lucrativo de trasfondo, sabemos que pueden darse situaciones de maltrato. Tal vez al ver a niños jugando con los búhos como si fueran sus mascotas nuestra mente lo procese como una imagen tierna. Aunque, si a ello le sumamos multitudes sacándose fotos, un ambiente iluminado constantemente para animales de vida nocturna y desacostumbrados al trato con seres humanos, la cosa cambia.

Existen cafeterías en las que la interrupción del sueño de los buhos así como su encadenamiento a ramas de árboles es algo habitual. Actividades que, sin lugar a duda, son considerados maltrato animal. No obstante, la popularidad de estos establecimientos va in-crescendo, al igual que la falta de controles y normas en pro del cuidado de estas aves.

-Santuario budista de tigres: Nos centramos en el caso del templo budista de Wat Pa Luang Ta Bua Yansampanno, donde pese a los esfuerzos por parte de las ONG de defensa de los animales, continuaron lucrándose de la exhibición de más de 140 tigres durante años. Tigres adormecidos, afligidos, que han perdido por completo el sentido de la libertad en este truculento circo.

 

Recuerda: Un verdadero santuario budista de tigres:

– Tiene prohibido cobrar por entrar en sus instalaciones.

– Cuenta con los permisos necesarios para mantener fauna en su interior.

– No crían tigres en cautividad, a no ser que hablemos de programas de reinserción de animales a su hábitat natural, aprobados por el gobierno local.

– Los animales no permanecen encadenados

– Promueven la transparencia en cuanto al lugar de donde provienen los animales que permanecen en el santuario.

– Se realizan actividades de concienciación de las comunidades locales / turistas para generar un impacto positivo en la vida de los animales.

-Elefantes pintores: Sorprendidos admiramos la primera vez en la que observamos a un elefante empuñar un pincel. Dóciles, con un don especial, son mostrados al público como artistas del mundo animal. No obstante, su realidad es totalmente diferente. 

Extrañado por las dotes de este paquidermo de realizar unos trazos tan precisos, Eddie Fitte se trasladó a Tailandia para descubrir su verdadera historia. Ya en Bangkok, se dirige a Surin (a más de 450km de la capital), donde los elefantes son tan comunes que se adoptan como mascotas pero, sobre todo, como moneda de cambio para el turismo.

Esclavos del entretenimiento, desde su nacimiento son separados de sus padres para iniciar el proceso de entrenamiento (conocido como Phajaan: “romper el espíritu del elefante”) y, con él, su desdicha. Son constantemente sometidos a torturas que incluyen clavos oxidados con los que sus “entrenadores” hieren sus orejas y cadenas de metal que les imposibilitan moverse.

 Los elefantes carecen de esa creatividad y capacidad más propio de los primates. Es por eso que siempre están acompañados por un “mahout”, gracias a quien consiguen elaborar esos cuadros. Escondidos tras sus patas frontales, aparentan mirar la tela donde el elefante “plasma su arte”; cuando, en realidad, presionan su oreja indicándole, con diferentes señas, que trazo deben hacer: un tirón hacia arriba y hacia abajo tiene como resultado una raya vertical; hacia los lados, horizontal; y para que haga manchas, basta con tirar del animal hacia el lienzo…

Resultado de imagen de elefantes pintores

-Trineo de lobos y mushing: De la fiebre del oro a la fiebre turística. El Mushing, deporte nórdico de trineo tirado por perros, se origina en la imaginación de buscadores de metales que, atraídos por este preciado metal, se veían obligados a afrontar terrenos hostiles sin medios para acceder a estos. Sin duda, una vía de supervivencia que originó un vínculo ancestral entre el ser humano y el perro.

No obstante, esa fuente de compañerismo y lealtad puede tornarse en una peligrosa relación con el animal, según la FAAD sobre turismo responsable; como fue el caso de 100 perros de trineo que fueron sacrificados por una empresa turística debido a que su negocio no iba lo bien que esperaban.

Os recomiendo ver el documental “Sled Dogs”, de Fern Levitt, quien tras su primera experiencia con los perros trineo, no dudo en revelar al mundo la otra cara de esta experiencia que solemos definir como “mágica”.  Aquí el enlace del trailer:

Con esto no quiero decir que no debáis viajar y relacionaros con animales y que todas las actividades con animales que encontréis por el mundo deben ser tachadas de maltrato animal. Existen casos positivos de turismo animal como el proyecto de Santuario de Elefantes en Camboya, donde desde hace años se preocupan por el bienestar de 11 elefantes. Según su directora, Jemma Bullock, “lo que hacemos principalmente es prestar atención a cómo sus dueños tradicionales los mantenían (dueños indígenas tradicionales que trabajaron con ellos desde hace miles de años), así como al comportamiento del animal y a qué quiere hacer realmente”.

“Tratamos con todos los elefante de nuestro santuario a través de un modelo de interacción sin apenas contacto y los devolvemos a su hábitat natural; de manera que, en el momento en el que los visitantes vienen a verlos, básicamente se adentran en su entorno sin apenas relacionarse con los elefantes” 

Los animales merecen vuestra atención y admiración. Pero es necesario tomar conciencia y saber diferenciar las “manzanas podridas” que van en contra del animal y, en consecuencia, de la sostenibilidad. Que todo el mundo se monte en el elefante encadenado o acaricie al tigre a punto de perder el conocimiento no es excusa para el sufrimiento de los animales.

Y ¿Cómo sé si estoy fomentando la crueldad animal? La crueldad no es siempre fácil de percibir. Pero existen recursos online y organizaciones que promueven el conocimiento y las experiencias animales sostenibles:

Que no seamos aquel que encadena al animal no nos hace menos responsables cuando decidimos pagar por estas excursiones / visitas / paseos. Si no hay demanda, no hay oferta. 

“No trates a los animales como animales; trátalos como seres vivos. Es lo que son”

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Un comentario en “El lado oscuro del turismo animal

  1. Excelente post a favor de los que no pueden escribir, de los que no pueden alzar la voz, de aquellos semejantes que maltratamos. Es cierto que siempre hay matices pero en los casos que has descrito esa es la realidad. Yo trabajo en Africa, guiando safaris fotográficos y cada día me cuestiono el bien/mal que hacemos pues una delgada línea los separa. En mi caso soy consciente de que los parques existen porque dan dinero y sino ya habrían sido esquilmados. Mi labor consiste en difundir el mensaje conservacionista y dar a conocer la vida salvaje tratando de causarle el menor impacto. Pero estas otras actividades son privaciones de libertad y maltrato. Te sigo en instagrm y ahora seguiré tu blog. Gracias de nuevo!!

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