Miedo a volar: no renuncies a viajar

Un traqueteo suena de fondo, a lo lejos, acompañando a esa azafata que, tras 3 vuelos de media distancia, repite nuevamente ese discurso que ya damos por aprendido. Nos detenemos a mirar por la ventana, sin importarnos quien pueda estar obstaculizando las vistas, para poder atisbar ese paisaje que nos persigue pero no consigue alcanzarnos. Rápidos, sin duda vamos rápido. Y esto va in crescendo. Por un minuto, las ansias de disfrutar de nuestras vacaciones o de esa escapada tan merecida se diluyen en el nerviosismo que inunda nuestro estómago.

La emoción de despegarnos del suelo, de estar tan cerca de tocar el cielo invade nuestro ser. Volvemos a ser, por un instante, esos niños a los que les colgaban las piernas sobre ese asiento que nos permitía cumplir un sueño: volar. Surcar los cielos tan lejos como pudiéramos, algo solo presente en cuentos, películas y en nuestra imaginación. Y no hay vuelo que tome en el que no vuelva la vista atrás y sonría a esa niña de 8 años que tanto deseaba viajar, descubrir mundo, pero que siempre repetía lo mismos destinos locales.

Con el tiempo, nos vamos dando cuenta de que esos sueños que una vez parecieron lejanas ilusiones en nuestra imaginación no son tan utópicos. Surgen nuevas barreras que saltar: tiempo, dinero, acompañantes,… (de eso ya habrá tiempo de hablar en otra ocasión). Sin embargo, con una risita irritante merodea nuestro peor enemigo: nosotros mismos.

Las publicaciones que escribo, por lo general, surgen de preguntas que me hago a mi misma, inquietudes que me invaden antes de emprender un viaje o de enseñanzas adquiridas tras experiencias vividas. No obstante, ayer una pregunta de una amiga me dejó perpleja. Una amiga que disfruta viajando. Una amiga que, como yo, hizo de su amor a los viajes su profesión. “Me da pánico volar ¿Qué hago?”. Había descartado totalmente de mi mente que a una persona a la que le apasiona viajar pudiera tener miedo a volar… pues me centraba más en los beneficios del viaje, las aventuras,… más que en los impedimentos que podemos llegar a afrontar.

A fin de tratar de reducir esa lista de límites / impedimentos para viajar que nos deja anclados en casa, hoy hablamos del miedo a volar. Dejemos de mirar en redes sociales como otros disfrutan descubriendo mundo mientras nos vemos ahí, afrontando esos arrozales, tirados en una playa con un cocó en una mano, la otra sumergida en la arena y los pies en el mar, o coronando el edificio más alto de la ciudad; mientras nuestro cuerpo sigue ahí, en casa.

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